Salvar al blackjack

Bobby Singer, profesional del blackjack, no sólo se ha dedicado a jugar blackjack durante décadas, sino que también ha hecho sus propios estudios sobre los distintos casinos donde ha jugado. Como todo cliente habitual de casino, tiene sus preferidos, ya sea por la calidad de su atención, por el cuidado del cliente, o por las reglas que el casino impone a los jugadores.

Singer cuenta que su casino preferido era el del Hotel Royal Haitian en Puerto Príncipe, Haití. Tuvo ocasión de visitarlo más de 50 veces durante su carrera como jugador de blackjack y siempre disfrutó su estancia en ese lugar. Con respecto al casino en sí, las reglas de las mesas de blackjack eran muy favorables a los jugadores. Singer solía jugar todas las noches entre las 8 y las 2 de la mañana. Los límites para las apuestas eran flexibles: la apuesta mínima con la que solía jugar era de $100, y llegó a hacer apuestas máximas de $12.000. Se permitía la rendición, se jugaba con 4 mazos, y el corte dejaba afuera aproximadamente ¼ de mazo, nunca más de la mitad.

Las historias que cuenta Singer sobre este casino muestran cómo, en otros tiempos, el objetivo era realmente divertirse y pasar un buen rato, más que ganar. Incluso iba al casino con sus hijos, que jugaban un rato a la ruleta (estaba permitido que los niños jugaran) y luego se sentaban cerca de su padre a jugar con las fichas del casino. Incluso muchas veces Singer tomaba el lugar del crupier y repartía cartas a los jugadores (en esos casos jugaba para el casino, claro). Solía jugar siempre en la mesa de blackjack con un grupo de 3 amigos, y todo era muy relajado.

El ambiente en los casinos de Las Vegas no se parecía demasiado al de Haití. Las reglas no eran tan liberales, ciertamente, pero todavía en esos tiempos permitían que los jugadores pudieran acercarse a las mesas de blackjack y aprender el juego. Se jugaba con no más de 4 mazos, se podía doblar después de dividir pares, y en algunos casinos, como el Caesar’s, existía la rendición.

Nada es ahora como era entonces. Los cambios que realizaron los casinos en sus reglas de juego no benefician al blackjack, por cierto, sino a los propios casinos. La afluencia masiva de jugadores a las mesas de blackjack alrededor de los ’60 provocó una serie de movimientos de parte de los casinos, para prevenir pérdidas. Algo que no era realmente necesario, ya que menos del 1% de los jugadores de blackjack tiene la disciplina suficiente para aprender y practicar las estrategias más efectivas. Singer hace una comparación con lo que sucede con la ruleta: la adición de un 0 en la ruleta americana, para aumentar las ganancias del casino, no ha hacho más que alejar a los jugadores, que ven evaporarse su dinero demasiado rápido en esta ruleta.

En los últimos cuarenta años los casinos han hecho todo lo posible para alejar a los buenos jugadores de las mesas de blackjack: se juega con 6 mazos o más, la rendición es prácticamente inexistente, se usan máquinas para mezclar constantemente las cartas, las apuestas altas desaparecen, los crupier pueden pedir carta con 17 suave…y podemos seguir.

El blackjack es, a diferencia de otros juegos de casino, un juego de habilidad. Los operadores de casinos lo saben. Pero de los más de 35 millones de personas que pasan por Las Vegas cada año, más los millones que juegan en Atlantic City, el número de jugadores de blackjack capaz de contar cartas es ínfimo. Los millones de personas restantes pierden constantemente su dinero en las mesas de blackjack.

Singer propone, una vez más, una rebelión de los jugadores de blackjack. No jugar en casinos con reglas desfavorables ni abusivas. No jugar en mesas con mezcladoras automáticas, ni donde el crupier pueda pedir carta con 17 blando, ni donde queden fuera de juego 2 mazos de 6 por el corte, por ejemplo. Si no sabemos contar cartas, y sólo contamos con la estrategia básica del blackjack, nunca podremos ganar en mesas con estas condiciones.

El blackjack es el único juego en el que las matemáticas pueden vencer al casino. Singer cree que es un deber de los jugadores de blackjack preservar la esencia del juego.